Mostrando entradas con la etiqueta Palabras efímeras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palabras efímeras. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2009

La magia de la cerveza

"Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que a veces retumbaran las montañas
y escucharais las mentes social adormecidas
las palabras de amor de mi garganta.


Abrid los brazos, la mente y repartíos
que sólo os enseñaron el odio y la avaricia
y yo quiero que todos como hermanos
repartamos amores, lágrimas y sonrisas.


De pequeño me impusieron las costumbres
me educaron para hombre adinerado
pero ahora prefiero ser un indio
que un importante abogado.


Hay que dejar el camino social alquitranado
porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas
hay que volar libre al sol y al viento
repartiendo el amor que tengas dentro."

Extremoduro


Claro que no, no me importa parecerlo, ni siquiera serlo. Si la enfermedad es una piel suave y la carne de los muslos esconde nuestro origen; no me importa morirme, desaparecer de esta realidad fría y estructurada a billetes. Pero si no es así, prefiero quedarme aquí y aprender, y mear la magia de la cerveza en ésta, o alguna otra bitácora.

Huele a caquita económica, a humo que esconde la verdad, a gente que sabe o de colores, o de luces, o de perspectivas, pero que no tiene ni idea de qué se ve en el cuadro completo.
Si hace años, como ilusos, hubiéramos propuesto alguna idea económica de carácter sostenible, los economistas de turno la habrían desechado con el calificativo utópica (y lo volverían a hacer), y dirían que el camino rentable es ése al que nos han traído, ése mismo que hoy está lleno de agujeros. No sé si los necios incompetentes son ellos por aparentar saber (o mentir despiadadamente) o nosotros por creerlos y permitir que nos dirijan.

La historia pinta mal y la gente lo sabe, lo que no se sabe es que la posthistoria tiene titulares ridículos: "el hombre moderno: una especie especial y privilegiada, la más poderosa intelectualmente, la única capaz de acabar con ella misma".

miércoles, 3 de diciembre de 2008

A media noche, cuando el despertdor suene

Foto extraída de la bitácora Gritos en silencio

Hoy la he visto frente a mí,
repetida en miles de rostros anónimos.
Cenicienta ha dejado su cuento de princesas
para llenar de ilusiones rotas las noches de Madrid.

En el sofá,
Cenicienta escucha al hada María
tras la llama del mechero
y entre el humo denso, casi impenetrable,
de la primera calada.
Recuerda sus días de princesa postergada
porque al cerrar los ojos
el hechizo del hada María borrará, por unas horas,
la vida que maldice
y el camino que alejó sus sueños.

Cenicienta corre desnuda
a llenarse del hombre que no encontró,
a besar los labios húmedos de la mujer que amó.
Se viste con las galas y zapatos de quien quiso ser
porque a media noche, cuando el despertador suene,
volverá de nuevo a su injusta realidad.

lunes, 3 de noviembre de 2008

In girum imus nocte et consumimur igni

Una joven despatarrada en la camilla de un hospital gritaba a viva voz justo antes de parir:

"Átale, demoníaco Caín, o me delata."

Lo que no sabía la joven es que el nombre, que tan bien había elegido para su bebé, no sería suficiente para diferenciar a las trillizas que iba a tener. Cuando el médico le comunicó aquella nueva, ella resolvió sin enmudecer. La modificación del original fue tan acertada que recordaría, por el nombre, el orden de cada niña al nacer.

¿Cómo se llama cada una de las pequeñas?

Ver la respuesta con una explicación aquí.

martes, 14 de octubre de 2008

Un charco turbio en Sörnäinen

Hace una semana salí a cenar con unos cuantos matemáticos al barrio de Kallio en Helsinki. Teniendo en cuenta que no todos conocían el sitio, decidimos quedar unos minutos antes en la salida del metro de Sörnäinen. Los primeros en llegar fuimos Lauri y yo, y mientras esperábamos a los demás comenzó a contarme algunas anécdotas del lugar. Al instante, un hombre algo borrachuzo y con aspecto descuidado comenzó a gritar interrumpiendo la historia de Lauiri. El tipo estaba de pie, junto a un charco de agua turbia al que apuntaba con las manos mientras repetía una y otra vez las mismas palabras. Lleno de curiosidad y con la idea de reírme un poco de aquellos actos un tanto excéntricos le pedí a Lauri que me tradujera lo que decía. Para mi sorpresa sus palabras fueron:

"No está turbia el agua de éste mi pequeño charco porque yo quiera ocultar la falta de profundidad, sino porque es el reflejo de mis turbios sentimientos."

Quizás la poesía sólo refleje el sentimiento de los poetas.